El proceso educativo debe iniciarse en los primeros 6 años de vida y darle continuidad. Esto implica una familia y profesionales convencidos de que se puede sacar adelante.
La educación de los niños con autismo supone un gran desafío y no es una tarea inútil sino que es algo posible, sin olvidar que ellos van a necesitar un apoyo permanente y una supervisión a lo largo de su vida, lo cual plantea la necesidad de crear centros adecuados y ambientes ajustados a las necesidades de los adultos con autismo.