Israel está lleno de montes altos, donde siervos de Dios fueron tratados, para luego proyectarlos como ungidos al compromiso. En esta familia de la Teoterapia, hemos aprendido a que ser hombres y mujeres de monte (personas de oración diaria y permanente). Israel: es tierra de los montes, de tratamiento y de la unción.
1. Es la ciudad amada del Señor, el Monte Santo y de Oración por excelencia. 2. Es parte de la tierra escogida para los propósitos divinos, ungida por la sangre de Cristo y descendió el Espíritu Santo. 3. Se recibe el óleo fresco, recuperamos el brillo que podemos haber perdido en el diario caminar. 4. Se recibe tratamiento personal, sana nuestras heridas y suaviza nuestro corazón. 5. Se reaviva la esperanza de que Él volverá y reinará con justicia para siempre (Juan 14:1-4).
1. No solo nuestra vida es impactada, sino que por la unción nos es revelada la autoridad que tenemos en Cristo Jesús.
2. Cuando estamos cultivamos esa intimidad, somos renovados y mudados en nuevos hombres y mujeres. 3. Llegamos a resplandecer y a mostrar nuestro verdadero linaje.
1. Nos recuerda el celo del profeta Elías por Dios: Cuando todo el pueblo y aun los otros profetas se habían ido tras sus ídolos, Elías se mantuvo fiel y experimentó el respaldo de Dios.
2. Cuando renunciamos a nuestros paradigmas y esquemas mentales de esclavitud nos disponemos a vivir bajo la maravillosa experiencia de la unción.
1. Es un lugar de definición, de renuncia a todas aquellas cosas sutiles que amenazan con opacarnos (ego, recuerdos, derechos, esquemas, etc.).
2. Nos desprogramamos de hábitos dañinos del pasado. 3. Abrazamos la visión de Dios Papá y avanzamos. 4. Se toman decisiones radicales respecto de nuestro propósito y destino eterno.
APLICACIÓN TEOTERÁPICA Volver a la visión y alimentar la unción requiere de la vida de monte. Quien asciende al monte recibe el tratamiento que su vida necesita, desde la misma tierra de la unción. Recordar a Jerusalén es nuestra función como hijos de Dios para llevar bendición al mundo. Cada peregrino que viene de Tierra Santa, trae un mensaje de paz, para él y su familia (Nahúm 1:5).