Su infancia fue fuertemente marcada por la pobreza. Perdió a su padre muy pronto por lo cual fue su madre la cual le inculcó valores sólidos y le enseñó el significado de la caridad y la fe.
Don Bosco sintió una vocación temprana hacia el sacerdocio, y a pesar de enfrentar numerosos desafíos, incluida la falta de recursos económicos, perseveró en su búsqueda de la educación y la formación sacerdotal.
La madre de Don Bosco, Margarita Occhiena, fue una figura fundamental en su vida, proporcionando amor, apoyo espiritual y orientación a lo largo de su camino hacia la santidad y su dedicación a la educación y el servicio a los jóvenes.
La valoración de Don Bosco es de profundo respeto y admiración, destacando su impacto positivo en la educación, la juventud y la promoción de valores humanos y religiosos. Su legado continúa inspirando a educadores, líderes religiosos y personas comprometidas con el servicio a los demás.